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Hallan vida en el lago más profundo de la Antártida

Han hallado 10.000 células de bacterias por cada mililitro de agua, a pesar de las condiciones hostiles, similares a las de los lagos de Marte

Un equipo de investigadores estadounidenses ha encontrado vida en las aguas del lago más profundo y hasta ahora inexplorado de la Antártida, el lago Mercer. A pesar de estar enterrado bajo una capa de hielo de un kilómetro de grosor, con una presión elevada, ausencia total de luz sol y una temperatura de medio grado bajo cero, los científicos han hallado 10.000 células de bacterias por cada mililitro de agua, según informa la revista Nature.

Las condiciones para la vida aquí son muy hostiles, similares, dicen los científicos de la misión, apodada SALSA ( por sus siglas en inglés de Acceso Científico a los Lagos Subglaciales de la Antártida) y financiada por la Fundación Nacional de Ciencia de los EE.UU. (NFS), a las de los lagos de Marte o los océanos existentes bajo la superficie de las lunas de Júpiter y de Saturno, por lo que podría arrojar luz sobre las condiciones necesarias en que se puede generar vida en otros mundos.

Mercer forma parte de la red de unos 300 lagos subglaciales de la Antártida y hasta el momento había permanecido inalterado. Hasta el momento, solo se había podido ver, de hecho, de forma indirecta, utilizando radares capaces de penetrar en el hielo, así como otras técnicas de sensor remotas.

Llegar hasta sus aguas no ha sido sencillo: los científicos han tenido que casi 30 toneladas de hielo utilizando una máquina perforadora que arrojaba agua caliente esterilizada. Finalmente, el pasado 27 de diciembre lograron alcanzar la superficie del lago y extraer 60 litros de agua así como sedimentos del lago. Fue allí donde hallaron restos de crustáceos, pequeños invertebrados llamados tardígrados u osos de agua, así como plantas y hongos. El descubrimiento sorprendió a los científicos, recoge Nature, que no se esperaban hallar nada más complejo que microbios unicelulares.

Los investigadores creen que estos organismos habitaron lagos y riachuelos en las montañas de la Antártida, durante periodos cálidos en que los glaciales recularon, seguramente en los últimos 10.000 o 120.000 años. Cuando el clima se enfrió de nuevo, más tarde, el hielo seguramente engulló de nuevo ese oasis de vida.

Ahora bien, ¿cómo llegaron esos crustáceos o tardígrados al lado? Por ahora los investigadores no tienen respuesta. Esperan poder resolver esa pregunta tras datar el material con carbono y secuenciar el ADN de las criaturas. Así se podría saber cuándo y hasta dónde se retiraron los glaciales de la Antártida hace miles de años.

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