Se trata del mayor escándalo de abusos sexuales de la historia de Reino Unido. Así lo están vendiendo, al menos, los tabloides británicos en la semana que el caso se ha hecho público. En teoría, y desde 1981 y hasta nuestros días, mil niñas de entre 11 y 16 años fueron manipuladas, drogadas, brutalmente maltratadas y violadas tanto en solitario como en grupo por centenares de hombres para inducirlas en una red de prostitución por una banda que opera en la localidad de Telford con relativa impunidad desde hace casi 40 años.

En proceso de verificación: aunque los grandes medios se han hecho eco de la investigación periodística, la información la ha presentado en solitario el periódico Sunday Mirror, conocido por su corte sensacionalista. La investigación les ha llevado año y medio y habrían podido hablar, en sus palabras, con al menos una decena de jóvenes no relacionadas entre sí. En su investigación pudieron confirmar 70 casos de menores abusadas, y es una doctora en caso de estudios de abusos de menores la que ha hecho la estimación de mil casos a raíz de esos informes. Como sabemos, la denuncia de abusos sexuales está muy estigmatizada y tanto los niños como los padres no suelen sacarlo a la luz, de ahí que sea difícil medir la proporción de estas redes.

¿Y qué han vivido las víctimas? De todo. Niñas a las que esperan con regalos a la salida del colegio para, a los pocos días, forzarlas a acostarse con multitud de hombres; adolescentes que tienen que tomar la pastilla del día después todas las semanas durante años; que tienen su primer hijo a los 14 y el segundo a los 16; chicas que se quitan la vida… Lo peor del reportaje del Mirror, además del retrato epidémico del caso, son las jóvenes que fueron asesinadas junto a sus familias por estos criminales y que, por su parte, sólo fueron encarcelados por asesinato. Según las denunciantes los abusadores esgrimían estos casos para amedrentar sus intentos de salir de aquellas redes y denunciarles.

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Las “grooming gangs” en Reino Unido: porque, a pesar de cómo se está promocionando, no es ni el primero ni el caso cuantificadamente más numeroso de red de prostitución forzada de menores, o “pandillas de captación” como ellos las llaman. Lo mismo ha pasado con anterioridad, que se sepa, en Oxford y Rochdale, aunque el peor caso de todos fue el de Rotherham, donde se alegó que 1.510 niñas habían pasado por procesos muy similares a los vistos en el caso de Telford, también desde los años 80 y hasta 2013, año en que se llevó a cabo la investigación policial.

La densidad de población de Rotherham es de casi el doble que la de Telford, de ahí que, según el Mirror, sea más sangrante el caso que ellos acaban de desvelar, ya que es difícil que mil niñas abusadas pasen inadvertidas en una población más pequeña.

¿Y qué dice la policía local? Que las cifras han sido fuertemente manipuladas y que se toman muy en serio la prostitución de menores. Entre las acusaciones que han hecho los periodistas del Mirror a los agentes es la de haber destruido pruebas forenses. Los periodistas también aseguran que los registros municipales consultados probarían que la policía, los docentes y los servicios sociales habrían fallado a la hora de asistir a las víctimas, tomándolas por mentirosas, drogadictas, prostitutas o madres precoces que tomaron malas decisiones.

El silencio institucional: el medio también insinúa que esta red de tráfico de menores habría operado gracias a la corrupción policial, que podría haber mirado para otra parte durante décadas bien por un temor a que fuesen tomados como racistas (todos los delincuentes relacionados están vinculados a bandas de paquistaníes) o bien por intereses económicos de los propios agentes. Estas acusaciones, que podrían parecer muy graves, habrán sido recibidas con especial dolor por los británicos, ya que en el escándalo de Rotherham se descubrió que algunos altos mandos habían hecho desaparecer ficheros de la investigación policial.

Se llamaba Ali: la conversación pública está virando cada vez más a la identidad de los acusados. En todos los anillos de captación de menores mencionados, también en Telford, se trataba de una mayoría de miembros de colectivos de origen paquistaní. Tanto los medios como las fuerzas de seguridad temen provocar una ola de racismo y discriminación contra este grupo (algo que en los tiempos del Brexit está a la orden del día) del que forman parte más de un millón de personas en Reino Unido y por eso intentan no sobredimensionar este hecho, pero es evidente que no se puede obviar que hay un factor racial y cultural que une a estos delincuentes.

La parlamentaria Lucy Allan, que dice estar recibiendo multitud de testimonios procedentes de Telford de jóvenes que habrían sufrido los abusos de estos hombres, ha pedido una investigación independiente. Es muy probable que en los próximos meses y años vayamos oyendo más sobre este caso.

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